
Si nos administran más dosis de bótox de la conveniente, puede afectar a los músculos de la cara y provocar
parálisis faciales temporales. Es conveniente dejar unos cuantos meses de separación entre una dosis y otra.
Además, una mala praxis a la hora de inyectar el
bótox puede hacer que los
músculos faciales resultan afectados, la cara puede quedar totalmente inexpresiva, sin muecas y sin atisbo de naturalidad.
En algunos casos, el bótox
puede provocar
cefaleas y náuseas pasajeras. No todo el mundo reacciona del mismo modo ante esta sustancia.
Es habitual que la zona en la que suministramos la dosis de bótox
, quede dolorida, se inflame y, a veces, aparezcan
hematomas, que desaparecerán con el paso de los días.
Muchos especialistas aseguran que el bótox puede crear una auténtica
adicción.